Dos operaciones distintas que muchas veces se mezclan en la misma conversación. Qué cambia en la práctica.
En el día a día se usan como si fueran lo mismo: "carga con frío". Pero transportar refrigerado y transportar congelado son dos operaciones con exigencias distintas, y confundirlas al momento de pedir un flete puede salir caro.
A grandes rasgos, el transporte refrigerado mantiene el producto a temperatura de refrigeración, por encima del punto de congelación: el producto se conserva frío pero no se congela. El transporte congelado mantiene el producto por debajo del punto de congelación, en el rango que su conservación requiera.
Cada producto tiene su temperatura de conservación según la normativa y según lo que indique su elaborador. Por eso, cuando pidas un flete, el dato importante no es "frío": es a qué temperatura tiene que viajar tu producto.
Típicamente cortes frescos, pescado fresco, lácteos, frutas y verduras, y en general productos de rotación rápida.
La exigencia operativa acá es la constancia y la velocidad. Son productos con vida útil corta: cada hora cuenta. Y no se trata solo de que no suba la temperatura; tampoco puede bajar de más, porque un producto fresco que se congela por error pierde calidad y muchas veces ya no se puede vender como fresco.
Además suelen tener ventanas de entrega ajustadas: si el centro de distribución recibe hasta las 11, llegar a las 11:30 puede significar volver al día siguiente.
Congelados en general, helados, pescado, carne para exportación.
Acá la exigencia es distinta: el producto sale de cámara ya a temperatura y tiene que llegar sin ningún tramo tibio. La ventaja es que la vida útil es más larga y hay menos presión de tiempo. La desventaja es que el margen de error es prácticamente cero.
Y hay algo que conviene tener claro: un producto que se descongeló y se volvió a congelar no vuelve al estado anterior. Puede llegar a destino con la temperatura correcta y aun así estar arruinado. Por eso en congelado importa tanto el registro de todo el trayecto y no solo la medición al llegar.
La mayoría de las roturas de cadena de frío no pasan en la ruta. Pasan en los minutos de la carga y la descarga, con las puertas abiertas y la mercadería en el andén.
Por eso el personal capacitado en carga y descarga no es un detalle: es el momento más crítico de toda la operación. Un equipo de frío impecable no compensa media hora de pallets al sol.
Es habitual: una parte del pedido refrigerada y otra congelada. Se puede resolver, pero hay que planificarlo, porque no es lo mismo llevar todo a una temperatura que manejar dos regímenes en el mismo viaje.
Lo importante es decirlo antes de cargar, no cuando el camión ya está en la puerta. Con el detalle a la vista se define el equipo y el orden de las entregas, y se evita el problema.
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